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Microbiota

¿Qué es el eje intestino-cerebro y cómo afecta tu estado de ánimo?

Tu microbiota intestinal produce el 90% de la serotonina de tu cuerpo. Descubre cómo las bacterias de tu intestino regulan tu ansiedad, tu sueño y tu capacidad de concentración a través del nervio vago.

Melissa Sánchez
Melissa Sánchez Nutricionista & Microbióloga
7 min de lectura
¿Qué es el eje intestino-cerebro y cómo afecta tu estado de ánimo?

Si alguna vez has sentido «mariposas en el estómago» antes de una reunión importante o has notado que el estrés te afecta directamente al tránsito intestinal, ya has experimentado en primera persona el eje intestino-cerebro. No es una metáfora: tu intestino y tu cerebro mantienen una conversación constante, bidireccional y enormemente influyente en tu bienestar emocional.

¿Qué es exactamente el eje intestino-cerebro?

El eje intestino-cerebro (gut-brain axis) es un sistema de comunicación bidireccional que conecta el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) con el sistema nervioso entérico (la red de neuronas que recubre tu tracto gastrointestinal). Esta conexión se establece a través de tres vías principales:

  • Vía neural: el nervio vago, el nervio más largo de tu cuerpo, actúa como una autopista de información directa entre intestino y cerebro.
  • Vía endocrina: las hormonas producidas en el intestino (como el GLP-1, PYY o la serotonina) viajan por el torrente sanguíneo e influyen en las funciones cerebrales.
  • Vía inmune: las citoquinas inflamatorias producidas por una microbiota desequilibrada pueden atravesar la barrera hematoencefálica y afectar al estado de ánimo.

El nervio vago: la autopista de datos entre tu intestino y tu cerebro

El nervio vago es el protagonista de esta historia. Compuesto por aproximadamente 100.000 fibras nerviosas, transmite información en ambas direcciones: el 80% de las señales viajan desde el intestino hacia el cerebro, no al revés. Esto significa que lo que ocurre en tu intestino tiene un impacto directo y medible sobre tu estado emocional, tu capacidad de concentración y tu respuesta al estrés.

Estudios recientes publicados en Nature Microbiology (2025) han demostrado que determinadas cepas bacterianas, como Lactobacillus rhamnosus, pueden modular la actividad del nervio vago y reducir los niveles de cortisol (la hormona del estrés) de forma significativa.

El 90% de tu serotonina se produce en el intestino

Este dato sorprende a muchos pacientes cuando se lo cuento en consulta: aproximadamente el 90% de la serotonina de tu cuerpo se sintetiza en las células enterocromafines del intestino, no en el cerebro. La serotonina es un neurotransmisor clave para:

  • Regular el estado de ánimo (niveles bajos se asocian a depresión y ansiedad)
  • Controlar el ciclo del sueño (es precursora de la melatonina)
  • Modular el apetito y la sensación de saciedad
  • Influir en la cognición y la memoria

Tu microbiota intestinal participa activamente en la producción de serotonina. Bacterias como Escherichia coli, Streptococcus y Enterococcus producen serotonina directamente, mientras que otras cepas como Bifidobacterium y Lactobacillus modulan su síntesis estimulando las células enterocromafines.

Cuando la microbiota se desequilibra: disbiosis y salud mental

La disbiosis (un desequilibrio en la composición de tu microbiota) no solo provoca síntomas digestivos. La evidencia científica acumulada en los últimos años muestra una asociación clara entre disbiosis intestinal y:

  • Trastornos de ansiedad generalizada: una reducción de la diversidad bacteriana se ha correlacionado con mayores niveles de ansiedad en múltiples estudios clínicos.
  • Depresión: pacientes con depresión mayor presentan consistentemente una menor abundancia de géneros como Coprococcus y Dialister, productores de butirato.
  • Insomnio y alteraciones del sueño: una microbiota poco diversa se asocia a menor producción de GABA y serotonina, afectando directamente la calidad del sueño.
  • Niebla mental y dificultad de concentración: la inflamación sistémica de bajo grado derivada de una barrera intestinal comprometida (leaky gut) puede afectar funciones cognitivas.

¿Qué puedes hacer para cuidar tu eje intestino-cerebro?

En mi práctica clínica, estas son las estrategias nutricionales con mayor evidencia para optimizar la comunicación intestino-cerebro:

1. Prioriza la fibra fermentable

Los prebióticos (fibras que alimentan a tus bacterias beneficiosas) son fundamentales. Algunos de los más estudiados:

  • Inulina y FOS: presentes en alcachofas, espárragos, cebolla, ajo y plátano macho.
  • Almidón resistente: patata y arroz cocinados y enfriados, avena, legumbres.
  • Betaglucanos: avena, champiñones, cebada.

2. Incorpora alimentos fermentados

El consumo regular de alimentos fermentados como kéfir, yogur natural sin azúcar, chucrut, kimchi o miso aumenta la diversidad de tu microbiota. Un estudio de Stanford (Cell, 2021) demostró que 10 semanas de consumo regular de fermentados aumentaba significativamente la diversidad microbiana y reducía marcadores inflamatorios.

3. Reduce los ultraprocesados

Los aditivos alimentarios como emulsionantes (polisorbato 80, carboximetilcelulosa), edulcorantes artificiales y colorantes pueden alterar la composición de tu microbiota y comprometer la integridad de tu barrera intestinal.

4. Gestiona el estrés crónico

Recuerda que el eje es bidireccional: el estrés crónico reduce la diversidad microbiana y aumenta la permeabilidad intestinal. Técnicas como la respiración diafragmática, el ejercicio moderado regular y un sueño de calidad protegen activamente tu microbiota.

5. Valora la suplementación con psicobióticos

Los psicobióticos son cepas probióticas con evidencia específica en salud mental. Las más estudiadas incluyen Lactobacillus rhamnosus (JB-1), Bifidobacterium longum (1714) y Lactobacillus helveticus (R0052). Sin embargo, no todos los probióticos sirven para este fin: la cepa, la dosis y la duración del tratamiento son determinantes.

Tu microbiota es única y tu abordaje también debería serlo

Entender el eje intestino-cerebro es solo el primer paso. Lo verdaderamente transformador es analizar tu microbiota individual y diseñar una estrategia nutricional que trabaje con tu biología específica, no con recomendaciones genéricas.

En mi consulta combino el análisis de microbiota con la valoración clínica completa para identificar las causas raíz de los síntomas — ya sean digestivos, emocionales o ambos — y crear un protocolo personalizado que optimice esa comunicación intestino-cerebro que tanto impacta en tu calidad de vida.

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