Los probióticos mueven más de 70.000 millones de euros al año en la industria global de suplementos. Los encuentras en yogures, cápsulas, sobres e incluso chocolates. Pero hay una pregunta que muchos pacientes me hacen en consulta: ¿realmente funcionan o es marketing? La respuesta corta es: depende. Depende de la cepa, de la dosis, de tu problema concreto y de tu microbiota individual.
¿Qué es un probiótico (y qué no lo es)?
Según la definición de la OMS, los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped. Esto implica tres requisitos que muchos productos del supermercado no cumplen:
- Deben estar vivos en cantidad suficiente cuando los consumes (muchos productos pierden viabilidad antes de la fecha de caducidad).
- La cantidad debe ser adecuada — generalmente entre 10⁸ y 10¹⁰ UFC (unidades formadoras de colonias) por dosis.
- Debe haber evidencia de beneficio para la cepa específica, no solo para el género.
Este último punto es crucial: que un Lactobacillus sea beneficioso no significa que todos los Lactobacillus lo sean. La evidencia es cepa-específica.
Las cepas con mayor evidencia científica
Lactobacillus rhamnosus GG (LGG)
Es probablemente la cepa probiótica más estudiada del mundo, con más de 1.500 publicaciones científicas. Su evidencia es sólida para:
- Prevención y tratamiento de diarrea asociada a antibióticos (reducción del riesgo del 40-50%)
- Gastroenteritis aguda en niños (reduce la duración de los síntomas en 1-2 días)
- Dermatitis atópica en niños con predisposición familiar (evidencia moderada)
- Prevención de infecciones respiratorias en entornos escolares
Saccharomyces boulardii
Es una levadura probiótica, no una bacteria, lo que le confiere una ventaja interesante: es resistente a los antibióticos. Puedes tomarla durante un tratamiento antibiótico sin que pierda efectividad.
- Diarrea asociada a Clostridium difficile (reduce la recurrencia un 60%)
- Diarrea del viajero (evidencia moderada como profilaxis)
- Enfermedad inflamatoria intestinal — datos prometedores en colitis ulcerosa
Bifidobacterium lactis BB-12
Ampliamente estudiada en ensayos clínicos:
- Regularidad intestinal — mejora la frecuencia y consistencia de las deposiciones
- Función inmune — aumenta la producción de IgA secretora en mucosa intestinal
- Microbiota neonatal — beneficios en la colonización temprana del intestino del bebé
Lactobacillus reuteri DSM 17938
La evidencia más fuerte se concentra en pediatría:
- Cólico del lactante — múltiples ensayos muestran reducción significativa del llanto
- Regurgitación funcional en lactantes
- Estreñimiento funcional en niños
¿Cuándo recomiendo probióticos en mi consulta?
Situaciones donde la evidencia es clara
- Durante y después de un tratamiento antibiótico: S. boulardii o L. rhamnosus GG reducen significativamente el riesgo de diarrea asociada.
- Síndrome de intestino irritable (SII): ciertas cepas multicepa han mostrado mejoras en distensión, dolor y frecuencia deposicional. Los resultados son cepa-dependientes.
- Prevención de C. difficile: en pacientes hospitalizados o con tratamientos antibióticos prolongados.
- Intolerancia a la lactosa: Lactobacillus acidophilus y Bifidobacterium longum pueden mejorar la digestión de lactosa.
Situaciones donde la evidencia es prometedora pero insuficiente
- Ansiedad y depresión (psicobióticos): cepas como L. rhamnosus JB-1 y B. longum 1714 muestran resultados positivos en modelos animales y ensayos preliminares en humanos, pero necesitamos más datos.
- Pérdida de peso: algunos estudios sugieren que L. gasseri SBT2055 puede reducir la grasa abdominal, pero los efectos son modestos.
- Eccema y alergias alimentarias: los datos de prevención son más sólidos que los de tratamiento.
Situaciones donde NO recomiendo probióticos
- Como sustituto de una alimentación equilibrada: ningún probiótico compensa una dieta pobre en fibra y rica en ultraprocesados.
- Pacientes inmunodeprimidos graves: en estos casos, los probióticos pueden suponer un riesgo (fungemia por Saccharomyces, bacteriemia por Lactobacillus).
- Cuando no hay un problema concreto: tomar probióticos «por si acaso» no tiene base científica sólida.
El error más común: confiar en la etiqueta
El mayor problema que veo en consulta no es que los pacientes tomen probióticos, sino cuáles toman y cómo los eligen. Errores frecuentes:
- Elegir por marca en vez de por cepa específica
- No verificar la cantidad de UFC garantizada al final de la vida útil (no al momento de fabricación)
- Comprar probióticos que no necesitan refrigeración cuando la cepa lo requiere
- Tomar la misma cepa durante meses sin evaluar si está funcionando
Prebióticos, postbióticos y simbióticos
El ecosistema de productos ha crecido más allá de los probióticos clásicos:
- Prebióticos: fibras que alimentan a tus bacterias beneficiosas (inulina, FOS, GOS). Tienen evidencia sólida y a menudo son más coste-efectivos que los probióticos.
- Postbióticos: metabolitos o componentes bacterianos no vivos. Es un campo emergente con datos interesantes en butirato, lactato y componentes de pared celular.
- Simbióticos: combinación de probióticos + prebióticos. La lógica es prometedora pero la evidencia específica es aún limitada.
La microbiota primero, los suplementos después
Mi enfoque en consulta siempre prioriza la alimentación como herramienta principal para modular la microbiota: fibra fermentable, alimentos fermentados, polifenoles y diversidad dietética. Los probióticos son un complemento, no la base. Y cuando los recomiendo, lo hago con cepa, dosis y duración específicas para cada caso.
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